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Educación y tecnología (I): lo que funciona y lo que no



Este es el primer artículo de una serie sobre la incorporación de la tecnología a la educación. Uno de esos temas actualmente recurrentes sobre el área. Este primer artículo versará sobre los principios.

Primeramente, hay que señalar que la educación siempre ha estado ligada a la tecnología. De alguna manera en todo momento la tecnología ha tenido un sentido educativo: aprender a manejar dicha tecnología era ya de por sí un contenido. Además que el sentido mismo de la tecnología hunde sus raíces en la educación. La tecnología se funde con la educación en el mismo momento en que el hombre descubre "su mano" como motor de su inteligencia (cfr. Polo, Leonardo, "¿Qué es el hombre?)

En el desarrollo de la educación lo tecnológico ha servido para generar soluciones. También en general ha servido para tal propósito. Hasta ahora.
Actualmente la tecnología sirve a verdaderas necesidades creadas. Apenas podemos contabilizar el número de "aparatos" que nos proponen facilitarnos la vida, basadas esas facilidades en supuestas necesidades y problemas que quizá "no sabías que tenías".

La tecnología funciona, por tanto, si soluciona problemas.

Actualmente hay problemas en educación que conviene plantear. Y ver si realmente la tecnología soluciona dichos problemas o más bien los agrava.

Así, rápidamente se me ocurren una serie de problemas en educación. Veremos si la tecnología aporta algo convincente para solucionarlos o no.


  1. La masificación en las aulas: el profesor tiene que enfrentarse ordinariamente a 28-30 alumnos de manera continua. 
  2. La diversidad en las aulas: no solo a los llamados "estilos de aprendizaje" (si realmente existen) además de la diversidad cultural, social y familiar. 
  3. La falta de autoridad del docente: en la sociedad de la sospecha instaurada en Occidente desde tiempos de Descartes, el profesor, supuestamente garante de la transmisión cultural de una generación a otra, no tiene realmente herramientas para forjarse credibilidad en su tarea frente a los otros agentes de la educación. 
  4. La falta de formación pedagógica de las familias: nadie nace sabiendo educar a sus hijos. Y menos con la falta de tiempo que hay en las familias desde un punto de vista laboral. 
  5. La educación como servicio está extinguida: los centros públicos sobreviven casi sin motivación para garantizar que se trate el proceso educativo como un servicio profundo. La concertada y la privada, fuera de contadas excepciones, son un negocio, cuyo proceso de elaboración muchas veces obedece a criterios empresariales, nada educativos casi siempre. 
  6. La formación curricular se ha comido a las ciencias humanas: aparte de la crítica a la misma sociedad de la información y tecnología, las humanidades no dan de comer. 
Y me debo dejar un montón, porque quizá vivamos en la época que más se pregunta por el progreso o la innovación, pero menos se plantea si las soluciones que se ofrecen obedecen realmente a esquemas humanos o de otras cosas. 

Ahora, lanzo la pregunta: ¿Qué problemas soluciona realmente la tecnología en la educación?

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